Si me pongo a pensar en qué pasa por mi cabeza cuando no estás cerca, me doy cuenta de que tengo demasiados problemas (cerebrales, claro). No puedo ser tan celosamente insegura, tan estúpidamente celosa, y tan psicologicamente estúpida. Pero cambiar no se cambia de un día para el otro, y como desde hace un rato laargo que lo intento, creo que hoy empieza a dar sus frutos.
Extraño el verano, cuando te veía todo el tiempo, cuando hacíamos de todo y los días en los que no estabas se pasaban tan rápido... Detesto levantarme un día para ir a la facultad sabiendo que no te voy a ver ni hoy, ni mañana, ni tal vez pasado.
Uno va creciendo y tiene otras obligaciones, detesto crecer si implica recortar tiempos en lo que quiero, me gusta y me hace bien. Le voy a hacer una huelga al destino, una protesta a los días lunes y quizás a los domingos, voy a tranzar con las noches que se pasan lentas para que no me destruyan la parte linda de extrañarte: la expectativa de tenerte a mi lado. Pero ya ni siquiera esa expectativa me deja expectante, ya ni esa expectativa me gusta, porque extraño no extrañarte.
No, definitivamente no. No me gusta extrañarte (por tanto tiempo, claro).
Extraño no extrañarte. Y te extraño a vos.
(qué lindo es saber que sólo tengo que extrañarte un poquitito más, qué lindo que es saber que en unas horitas te veo y va a ser tan lindo que me acompañes a la facu a buscar mi nota de química, qué linda que es la expectativa de verte!)
y sí, una vez más, me contradigo yo sola... extraño no extrañarte, pero qué lindo que te extraño!
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